Economía Creativa en Chile: del discurso al desafío práctico
En 2017, la economía creativa en Chile comenzaba a ocupar tímidamente espacios en la conversación pública, en gran parte, gracias al impulso internacional que había calado en el continente. La llamada «economía naranja» —la misma que entonces prometía un desarrollo económico desde el talento, la cultura y la innovación— sonaba bien en un país en búsqueda de diversificación productiva. Sin embargo, en ese entonces, la realidad no era tan alentadora: palabras vacías y muchas dificultades prácticas para convertir estas ideas en algo real.
Han pasado siete años, y es imposible no hacer un balance. Hoy, en 2024, el término “economía creativa” sigue en boca de muchos, pero con un matiz diferente. La institucionalidad cultural en Chile ha tomado medidas concretas: con eventos como el MICSUR (Mercado de Industrias Culturales del Sur), un ambicioso programa de Chilecreativo bajo el alero de Corfo y, claro, una hoja de ruta recién lanzada que habla de un desarrollo “tecnológico, territorial e industrial.”
Pero en este contexto, conviene hacer un alto. ¿Cuánto ha cambiado realmente la situación para los actores de la economía creativa? ¿Son estas iniciativas un cambio estructural o simplemente el decorado de una economía donde los desafíos prácticos siguen siendo los mismos?
La Promesa del 2017 vs. la Realidad del 2024
En 2017, la economía creativa parecía una oportunidad accesible; muchos jóvenes y profesionales veían en este concepto una posibilidad de sustento a través de la cultura. Sin embargo, quienes intentaban vivir de sus proyectos artísticos o culturales se encontraban con una maraña de dificultades: financiamiento inestable, escaso apoyo estatal real y una falta general de profesionalización y formalización en el sector. Los fondos de cultura eran, en su mayoría, un paliativo temporal, dejando en el aire la sostenibilidad a largo plazo de estos emprendimientos creativos.
Hoy, en 2024, el panorama tiene un nuevo color, aunque no necesariamente el que esperábamos. La economía creativa en Chile aporta alrededor del 2,2% del PIB nacional (Cultura Chile). Aunque este es un avance que la sitúa por encima de otros sectores económicos, aún se encuentra rezagada en comparación con economías como la de Estados Unidos, donde el impacto es de aproximadamente el 4,2% del PIB (UNCTAD), o Europa, que alcanza un notable 6,1% (Antenna). Estas cifras reflejan esfuerzos de medición más sólidos en países con una tradición consolidada en el sector creativo, mientras que en Chile la medición se basa principalmente en estudios del Ministerio de las Culturas y la implementación de cuentas satélite de cultura, que, si bien aportan información, todavía requieren una metodología consistente y actualizada. En América Latina y el Caribe, el sector creativo varía en su impacto entre un 2% y un 7% del PIB, con esfuerzos recientes para estandarizar estas mediciones en países con industrias culturales robustas (Publicaciones IADB). Mientras, en Asia, países como Corea del Sur han logrado que su economía creativa represente hasta un 3% del PIB, especialmente impulsados por sectores como el K-pop y el cine, medidos mediante sus propias cuentas satélite y estudios sectoriales (UNCTAD).
África, en cambio, aún enfrenta desafíos importantes, con contribuciones que van entre el 0,5% y el 5% del PIB, según el país. Los esfuerzos de medición en esta región están en sus primeras etapas, lo que limita la capacidad de cuantificar su impacto real en la economía general. Sin embargo, el crecimiento del interés por este sector refleja una tendencia global hacia la valorización de la cultura y la creatividad como motor de desarrollo (UNCTAD).
La Realidad en el Terreno
Para los trabajadores de la cultura, el camino sigue siendo complejo. Si bien ahora existen más eventos y plataformas —como el MICSUR 2024 en Santiago, que permitió la exposición internacional de proyectos nacionales—, las barreras estructurales no han desaparecido. Las convocatorias del Ministerio de las Culturas y otros programas de financiamiento continúan siendo limitadas en cobertura y duración, y muchos trabajadores siguen atados a una lógica de «proyecto» en lugar de empleos estables o sostenibles. A pesar del aumento en el aporte al PIB, estas cifras no necesariamente se traducen en mejores condiciones laborales o mayor estabilidad en el sector.
El Futuro: ¿Retórica o Cambio Estructural?
Así como en 2017, las ideas suenan bien. Pero estamos en un punto crítico: ¿se quedarán las políticas en retórica o se transformarán en cambios estructurales? La hoja de ruta de Chilecreativo parece ambiciosa, pero los próximos años serán clave para evaluar si estas propuestas logran consolidar una industria creativa sustentable o si continuarán siendo buenas intenciones sin impacto concreto.
En última instancia, la economía creativa en Chile necesita dejar de ser un mero discurso atractivo para convertirse en una política de desarrollo real, con cambios profundos en la forma en que se financia, fomenta y, sobre todo, profesionaliza. Hasta entonces, el escepticismo será un acompañante constante, al igual que en el 2017.
Giorgio Varas
CEO Artemedios
HUB ECONOMíA CREATIVA