Select Page

Economía Creativa en Chile: palabras fáciles, ideas difíciles

El mundo sigue girando con apuestas como la de Canadá , que hace 46 años creó el Ministerio de Multicuturalismo como eje de su política pública y estrategia de crecimiento , o Japón , que entiende educación, deporte, ciencia y tecnología como sub sistema de su Ministerio de Cultura. A casi 50 años de la creación del primero, nosotros aún no tenemos el nuestro y la cartera de ciencias & tecnologías está en fase de proyecto de ley, sin terminar de resolver la discusión previa de la comunidad científica nacional. Es bastante probable que si nuestros procesos siguen con este nivel de entrampamiento, si no generamos un archí diagnosticado cambio a nuestra matriz productiva fortaleciendo a las Pymes , si no abrazamos decididamente un apropiabilidad tecnológica, los artefactos institucionales del futuro ya no se corresponderán con los proyectos de ministerios que aún no hemos sido capaces de terminar de cuajar en el presente , y definitivamente, habremos quedado en el pasado y llegado demasiado tarde.

La Economía Creativa está de moda en Chile.  Con una participación de 2.2% del PIB comienza a hacerse respetar. Mientras algunos aprenden rápidamente a pronunciar discursos en palabras fáciles, las ideas difíciles que alimentan las industrias culturales y creativas llevan varias décadas aportando silenciosamente un crecimiento inteligente, sustentable e inclusivo.

Así lo ha repetido la Unesco, la Unctad, el BID y la UE; lo ha sistematizado Canadá; capitalizado China, Japón o Cabo Verde, isla que desde la costa atlántica africana fortalece su Ministerio de Cultura & Industrias Creativas.

Desde post guerra, la Unión Europea organiza convenciones culturales (1955), definiendo la creatividad como un sustento y factor estratégico para su crecimiento (Lisboa, 2007), y contempla en su agenda 2020 un plan integral de apoyo a las Pyme (COSME ), el desarrollo de Cluster y ambientes digitales, el LAB para nuevas audiencias, el programa Erasmus de formación de capital humano, el fomento al I+D+i, entre otros instrumentos estilo Corfo, aunque diseñados y fundamentados en un volumen de negocios que hace 6 años ya aportaba 654 mil millones de euros y alcanzaba hasta el 7% del PIB comunitario.

Desde el extremo oriente , Corea del Sur en 10 años se ha convertido en una súper potencia cultural, desplazando a Japón en el liderazgo de  este negocio, generando más de 50 mil millones de dólares de producción creativa en sectores como el diseño (integrando al sector automotriz), gastronomía, series de TV, o el fenómeno del K-Pop.

La comprensión temprana la configuran históricamente países como Gran Bretaña y Estados Unidos, extrapolado objetivos dado su amplio y conocido sentido del espectáculo… (“Y entonces ¿para qué combatimos?” fue la respuesta de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial a quien le propuso recortar los fondos destinados a la cultura para sostener el esfuerzo bélico).

El mosaico del planeta avanza y Chile no pretende quedar atrás:

“En este siglo XXI el mundo quiere conocernos, conectarnos; nuestros sectores creativos quieren desarrollarse y, para ello, los emprendedores creativos-culturales y los actores que conforman la economía creativa requieren apoyo”, se lee en el Decreto Presidencial firmado por la Presidenta Michel Bachelet en marzo de 2015 que instruye la creación del actual Comité Interministerial de Economía Creativa.

“Avanzar en la creación de una verdadera industria cultural y artística, a la sustentabilidad, a la creación de empleos y a la penetración en mercados internacionales”, señalaba el Programa de Gobierno 2009 del expresidente Sebastián Piñera en su página 157.

Hace algunos días, se presentó en el Palacio de la Moneda el Plan Nacional de Fomento de la Economía Creativa.

A este hito, le antecedieron diversos eventos por parte de la SOFOFA sobre “Exportación de servicios, talento, creatividad y conocimiento desde Chile hacia el Mundo”; el estudio de Fundación Imagen de Chile en relación a la Marca País; el primer encuentro en ICARE sobre cultura y desarrollo; el encuentro exportador Pro Chile – ENEXPRO “De Chile al Mundo”, varios mapeos, estudios, diagnósticos, brechas, cuentas satélites, talleres “participativos”.

Entre pitos y flautas, nuestro país lleva más de 20 años trabajando, estudiando y articulando el sector, con una dialéctica cargada de buenas intenciones pero que aún carece de eficaz simbiosis entre la teoría y la praxis.

Hoy, definidos Música, Diseño, Editorial y Audiovisual como los 4 sectores prioritarios del Plan, el problema entonces no pareciera ser ni la falta de voluntad política, ni la  falta de un plan u hoja de ruta, ni la falta de una “visión omnicomprensiva de las múltiples dimensiones de la cultura y las artes y  su aporte a los varios aspectos del desarrollo económico y social”, como señala la UE.

Superados estos primeros obstáculos como barrera de entrada hacia la sociedad del conocimiento, el abismo pareciera ser resolver el dilema entre la gestión y la interpretación. Persiste una incapacidad de sostener la tensión entre tradición (relatos ancestrales, oficios populares, tradiciones orales y campesinas, por ejemplo) e innovación (tecnologías del saber, maneras). El ecosistema económico – creativo no logra encontrar  concreta y suficiente respuesta en lo sector privado mientras el sector público no logra permear la integración vertical de nuestra economía nacional. El factor Pyme siguen estando – como replicó recientemente  el presidente de la Asociación  Gremial Pyme Global Francisco Madero –  “ En boca de todos y en mano de nadie “ .

El cruce entre belleza, calidad, puesta en valor y nuevas tecnologías, encuentra su limitación – entre otras – en instrumentos financieros escasos e incomprensibles, donde las palabras que parecían tan fáciles no dialogan con las ideas que se volvieron difíciles para una pequeña editorial, un estudio de diseño, una agrupación musical o una nueva productora audiovisual que requiere formalizarse para acceder al sistema.

Operar en la oferta y la demanda cultural tiene muchas veces que ver con los bienes semi- públicos, por tanto, fruto de la dicotomía economía – cultura / público –  privado. Es clave asumir que no habrá competitividad en este campo si no somos capaces de adecuar un sistema fiscal que, como mínimo, comience por levantar el embargo al conocimiento que hoy significa mantener un 19% de IVA al libro, siendo el único caso en el mundo que grava ese nivel de impuestos regresivo en lo que se conoce como  un “ objeto cultural ambiguo” : mercancía por una parte (se produce – se distribuye – se vende- se compra) y vehículo de pensamiento por otro. Resumiend, bien informacional y económico a la vez.

No eliminar o diferenciar su impuesto específico equivale a dinamitar la puerta de entrada a esta “nueva” economía del conocimiento,  equivale a quebrar el stock , aunque en rigor la mente sea una  fuente inagotable , activo fijo renovable de las Industrias culturales y creativas

Sin saberes consolidados no habrá economía creativa posible.

El proyecto de la eliminación del IVA al Libro tiene apoyo transversal en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados pero, de facto, el decreto de noviembre de 1976 firmado por Augusto Pinochet que lo establece  sigue siendo moneda de cambio para el Fondo Nacional del Libro y la Lectura, creado en 1993. Nos estaría quedando, diría Baudrillard, “el ciberespacio de la geo-finanza, el de los multimedia y de las autopistas de la información”.  Nada de saberes refinados.

Tampoco habrá posibilidad de éxitos si no adecuamos los códigos de exportación a los bienes simbólicos e inmateriales, aquellos que agregan valor y propiedad intelectual al hacer explotar su significado.

El exceso de entusiasmo nos lleva a estar discutiendo de ciudades inteligentes, Smart Cities, o Internet de las cosas, sin haber comprendido aún las diferencias entre un clúster y un distrito cultural y creativo. Necesitamos integrar las ciencias naturales, exactas, duras, blandas, humanísticas y sociales. Necesitamos dotar de mayor cohesión , consistencia y  coherencia a un mundo que aplica, requiere y genera competencias transversales, multidisciplinaria y cross mediales.

Si queremos ilusionamos con este Plan Nacional de Fomento de la Economía Creativa, necesitamos algo más que un piloto de la Comisión Fílmica (30% de devolución a grandes producciones que elijan a Chile como locación) , un IFI de Corfo dotado de US$1.5 millones el 2017, y US$4.5 millones el 2018.

El mundo sigue girando con apuestas como  la de Canadá , que hace 46 años creó el Ministerio de Multicuturalismo como  eje de su política pública y estrategia de crecimiento , o Japón , que entiende educación, deporte, ciencia y tecnología como sub sistema de su Ministerio de Cultura. A casi 50 años de la creación del primero, nosotros aún no tenemos el nuestro y la cartera de ciencias & tecnologías está en fase de proyecto de ley, sin terminar de resolver  la discusión previa de la comunidad científica nacional. Es bastante probable que si nuestros procesos siguen con este nivel de entrampamiento, si no generamos  un archí diagnosticado cambio a nuestra matriz productiva fortaleciendo a las Pymes , si no abrazamos decididamente un apropiabilidad tecnológica, los artefactos institucionales del futuro ya no se corresponderán con los proyectos de ministerios que aún no hemos sido capaces de terminar de cuajar en el presente , y definitivamente, habremos quedado en el pasado y llegado demasiado tarde.

 

Share This